10 mayo 2008

EL PROFESIONAL Y LA SOCIEDAD DE CONSUMO



El Juicio Social Con Respecto Al Desempeño Profesional


Vivimos en un período de agitación en el que la economía, la ciencia y la tecnología juegan papeles decisivos. Los adelantos científicos y las nuevas tecnologías ejercen una influencia sin precedente en el trabajo y la vida cotidiana, y los trabajadores se encuentran en el filo del cambio. A medida que ha progresado el proceso de mundialización sin obstáculos ni control, el trato dado a la naturaleza ha pasado a ser intolerable. Esto exige que se vuelva a definir la relación del hombre con su hábitat natural.



Profesionales altamente calificados, directores e ingenieros se encuentran en el mero centro del «dilema moral» Son estos empleados los que desarrollan nuevos productos, tecnología, elaboran estrategias de comercialización y abren nuevos mercados. Sus decisiones influyen en el ambiente, las condiciones de trabajo y los consumidores. Lo que parece tener sentido económico en el ámbito individual puede, en la peor hipótesis, derrochar recursos naturales, dañar al medio ambiente, destruir empleos, perjudicar a los consumidores o evadir embargos.



El profesional en su diario vivir no solo confronta problemas con relación a su traba, sino también en su profesión de día a día con las personas que le rodean, esto hace que muchas veces cometamos errores sin darnos cuenta que estamos pisando la línea d la moralidad y el diario vivir.

Desde la revolución francesa, donde se proclamó la igualdad de derechos, existen personas, hombres y mujeres que llevan en su carga la economía y la estabilidad de cualquier país. Desde tiempos muy antiguos nos hemos topado con diferentes profesiones y unto a estas siempre existen reglas que marcan y rigen el desempeño de dichas profesiones.



Los hombres y mujeres enfrentan problemas que de una manera u otra podrían poner en tela de juicio su debida conducta, muchas veces ellos mismos dudando de su propia profesionalidad, pero teniendo siempre en cuenta que existen desde tiempos remotos deberes y derechos que cada cual sabe donde clasificarse.



Los Principios Eticos En El Profesional
Todos tenemos una noción aproximada acerca de la ética, del mismo modo que hasta la persona menos ilustrada es capaz de percibir la diferencia entre lo bueno y lo malo.El vocablo ética proviene del griego "Ethos", que significa costumbre; su sinónimo latino es la voz "More", de donde deriva el término moral. Ambas voces aluden a un comportamiento humano ordenado conforme a ciertos principios, postulados y normas prescritos por la cultura4 imperante en cada sociedad. Ellos señalan la línea demarcatoria entre lo lícito y lo ilícito, lo correcto y lo incorrecto, lo aceptable y lo inaceptable.

Principios Filosóficos Generales
Aunque los conceptos básicos de la ética general y de la ética relacionada con la educación son racionales, universales e intemporales, de igual manera, la interpretación de algunos aspectos de aplicación cotidiana pueden variar en el tiempo y en los diferentes lugares, de acuerdo principalmente a cambios culturales. El humano produce sus actos por impulsos provenientes de su naturaleza, de su espíritu y de su intelecto. Los impulsos naturales surgen de sus instintos, como sucede con cualquier animal de nuestro entorno. Estos impulsos responden a la satisfacción de necesidades instintivas y no se sujetan por sí mismos a ninguna norma moral, sólo a las de la naturaleza. Así, en el humano el control de sus instintos proviene del espíritu y de la razón de su intelecto, facultades propias que le permiten la percepción del entorno natural donde habita y le facilitan la vinculación intelectual con ese entorno. De esta manera, el don del raciocinio permite al hombre sujetar sus impulsos instintivos mediante la observancia de ciertas normas de carácter social, cultural, moral y legal. La observancia de esas normas implica la regulación de su conducta mediante un respeto a lo considerado por él como conveniente, es decir, aquello que su conciencia le dicta como un “debe ser”. Este “debe ser”, que preside la vida de los hombres civilizados, se ramifica en diversos códigos de conducta pertenecientes a diversas normas éticas, morales o legales, dependiendo del sistema al cual pertenezcan. La voluntad de adherirse a un código ético de conducta se determina por el bien cultural y social que resguarda una norma ética. Así, la justa opinión o valoración acerca de este bien es indispensable para forjar una voluntad personal que acepte la norma ética y se comprometa a cumplirla. Esta es la esencia misma de lo que debe ser la actividad docente de los profesionales de la educación al servicio de la comunidad y del Estado.

La ética anida en la conciencia moral de todo ser humano y le sirve de motor, de freno o de dirección -según los casos- al momento de actuar. Por otra parte, el comportamiento ético -lo que llamamos rectitud- no es ingrediente ajeno al ejercicio profesional, como la pintura de una casa que es sólo un aspecto decorativo del cual puede prescindirse. El elemento ético es un componente inseparable de la actuación profesional, en la que pueden discernirse, al menos, tres elementos:
  • Un conocimiento especializado en la materia de que se trata.
  • Una destreza técnica en su aplicación al problema que se intenta resolver.
  • Un cauce de la conducta del docente cuyos márgenes no pueden ser desbordados sin faltar a la ética.

Hay quienes atropellan, consciente y sistemáticamente, esos márgenes, la mayoría de las veces, no por un afán de lucro inmoderado como ocurre en otras profesiones, sino porque en el accionar diario las instancias de control se difuminan en beneficio de una mal entendida “convivencia armónica”; muchas veces a estos colegas se les califica como profesionales inmorales o que están faltando a la ética sin que exista un Código Profesional que sancione o respalde lo enunciado. Pero hay otros que ignoran y ni siquiera se preocupan de los límites éticos; de ellos se dice que son amorales. El resto -por fortuna, aún la mayoría- somos simplemente profesionales de la educación que en forma natural -y a modo de ejemplo- hemos asumido entre otras las siguientes normas de convivencia:

  1. Aceptar que la primera idea que debe venir a nuestra mente en el momento de enterarnos de actividades profesionales “poco claras” realizadas por un colega, será la consideración de esas actividades como realizadas por un profesional fraterno. El imperativo nos dirá: El docente se abstendrá absolutamente de utilizar adjetivos que representen un juicio subjetivo acerca de lo realizado previamente por un colega.
  2. El docente evaluará todo trabajo profesional realizado por otros docentes desde una perspectiva objetiva, crítica y amistosa, otorgando a ellos el beneficio de la duda y considerando siempre que la información y circunstancias pasadas en cada caso, muchas veces no son tan claras y evidentes como lo son una vez que el problema ha evolucionado hasta el momento en que él hace una segunda valoración, y debe considerar la posibilidad de que los que se vieron involucrados en un hecho -por ignorancia o por voluntad- no necesariamente proporcionaron toda la información precisa y verídica en la indagación anterior. El imperativo nos dirá: El docente se abstendrá de emitir juicios condenatorios o de valor sin antes cerciorarse si se han hecho las indagaciones y verificaciones que el caso amerite.
  3. No es ético, y si es dañino para el proceso educativo, el menosprecio de un docente, por razones maliciosas, respecto de su capacidad profesional, su conocimiento, sus calificaciones, sus habilidades o enjuiciar los servicios o acciones de otro docente, ni tampoco lo es la implicación con palabras, gestos o acciones de que un colega, frente a un hecho determinado ha sido mal o inadecuadamente manejado. La utilización de este impropio menosprecio con propósitos de inducir a un directivo, colega o funcionario a emitir juicios reprobatorios es totalmente condenada.
  4. El docente debe el mayor respeto al trabajo y la persona de sus colegas de profesión, consecuentemente, evitará por todos los medios a su alcance y bajo cualquier circunstancia, lesionar con acciones o palabras -ni mucho menos difamar- el buen nombre y el prestigio de sus compañeros de profesión ante otros docentes, las autoridades, los medios de comunicación y la sociedad en general.


Esto lo podemos sintetizar del modo siguiente:

  • Las relaciones del docente con sus colegas han de estar fundadas en los principios de lealtad, mutuo respeto, consideración y justa solidaridad.
  • El docente debe contribuir a que prime la armonía y la mejor relación humana entre los colegas de una misma institución.
  • El docente deberá respetar en todo momento y circunstancias, el buen nombre, dignidad y honra del colega, abstenerse de toda expresión o juicio que pueda ir en mengua de su reputación y prestigio.
  • El docente está inhibido para solidarizarse con el colega cuya labor sea deficiente, o su conducta moral resulte tan seriamente reprobable que desnaturalice y desprestigie su misión.

Desde otra perspectiva estos ejemplos de un accionar conforme a principios y normas nos llevan al tema de definir estándares de desempeño docente, tema actual en las agendas de trabajo de nuestros dirigentes gremiales.

Interesa esclarecer por qué razón el comportamiento ético es parte integrante de la esencia del ejercicio profesional6; si las faltas a la ética conciernen sólo al profesional que las comete y la alteración de la convivencia de su entorno, o si sólo afectan el prestigio de la profesión y si ellas redundan, o no, en perjuicio de la comunidad.Resueltas estas interrogantes cabe todavía preguntarse si es posible el control ético de las distintas profesiones; a quién incumbe o qué órganos son los más idóneos para ejercer esta función; y cuáles serían las sanciones más apropiadas para los transgresores.


Por Que Es Necesaria La Ética Profesional

Aclaremos, de partida, que el comportamiento ético no es un asunto exclusivo de los profesionales. Concierne, sin duda, a toda actuación humana; pero compromete con mayor énfasis a quienes han tenido el privilegio de una formación de nivel superior a costa de toda la sociedad que ha debido contribuir a ella y que espera, justificadamente, una actuación correcta de quienes han disfrutado de esa preferencia selectiva.


No olvidemos que -sin perjuicio de sus fundamentos religiosos, que conforman otro nivel de conciencia- es un valor cultural, propio de la sociedad y el tiempo en que se vive. Que la Universidad -principalmente agente receptor, generador y transmisor de la cultura de un pueblo- ha inculcado o debido inculcar en los estudiantes ese patrimonio valórico que todos compartimos. Y que, por lo mismo, cada Facultad o Escuela universitaria no sólo debe enseñar cómo ejercer una profesión, sino como ejercerla bien.Cabría, en este punto, formular una crítica enérgica a la actitud que se viene imponiendo en nuestras universidades, debido -tal vez- a su proliferación excesiva. En lugar de impartir la formación ética con la jerarquía que ella merece, Ética Profesional o está ausente del Programa de Estudios o sólo se ofrece como ramo optativo, siendo excepcional que ella constituya un soporte de la educación sistemática de un profesional.

Es verdad que la formación ética llega a veces por otros cauces; y que la mejor enseñanza moral proviene del ejemplo del maestro y no del mero discurso. Pero cada profesión afronta problemas conductuales específicos que difícilmente se podrán resolver correctamente si no se les ha previsto y analizado en la etapa formativa, Por eso mismo existen los Códigos de Ética de cada profesión, sin perjuicios de los principios y normas de la Ética General.Yo me pregunto -¿con qué grado de confianza se le puede exigir a un profesional, en el juramento de estilo, cumplir las reglas de su Código deontológico si ni siquiera lo conoce?.Es ésta una grave responsabilidad que hoy pesa sobre las universidades chilenas y que ellas debieran afrontar con prontitud.

¿A Quien Afecta La Inmoralidad?

A primera vista pareciera que las actuaciones antiéticas afectan sólo a las víctimas que las sufren. Desde luego, éstas son las primeras perjudicadas. Pero no son las únicas. Ellas disminuyen la honra y la autoestima de quienes las cometen; dañan notoriamente el prestigio de la respectiva profesión, cuya defensa constituye el primer objetivo de los Colegios Profesionales; pero -sobre todo- hiere a la comunidad de dos maneras: Erosionan la confianza pública que es el cimiento necesario para el ejercicio de toda profesión y frustran la esperanza de un correcto servicio al que la sociedad tiene derecho por haber contribuido a formar esos profesionales a costa del sacrificio colectivo.No debemos olvidar que toda profesión no es sólo un modo de ganarse la vida y realizarse personalmente. Esta es sólo su dimensión individual. También las profesiones tienen un fin social y éste consiste en servir adecuadamente cada una de las necesidades que la sociedad debe satisfacer para posibilitar el bien común. Así, las necesidades de educación, de salud, de justicia, de comunicaciones, de obras de ingeniería y arquitectura y tantas otras, encuentran cobertura en el correcto ejercicio de las respectivas profesiones.

De esta manera, las actuaciones contrarias a la ética no sólo dañan a quienes las sufren sino -principalmente- a la comunidad humana en que acontecen.Por eso resulta absurdo -así sea en un discutible régimen de colegiación voluntaria- que se pretenda someter al control ético de los Colegios Profesionales sólo a sus colegiados. Estos, desde luego, se encuentran sometidos a la disciplina y a los patrones morales de su profesión. Los profesionales inescrupulosos, los que no trepidan en atropellar los cánones éticos, no ingresan o no se mantienen en los Colegios. De allí que el comportamiento ético deba exigirse en todo ejercicio profesional, con absoluta prescindencia de sí el actor está o no está colegiado.

¿Es Posible El Control Ético De Las Profesiones?

La fiscalización del correcto ejercicio de las profesiones universitarias no sólo es posible sino que constituye una necesidad imperiosa para la adecuada satisfacción de las necesidades sociales. Pensemos en el daño ocasionado durante los temporales pasados, a los moradores de modestas viviendas por el empleo de materiales inadecuados en su construcción; recordemos los efectos desastrosos producidos en generaciones de niños, en Europa, por el uso y difusión prematura de drogas insuficientemente experimentadas. Pensemos en los riesgos impredecibles de la manipulación del genoma humano.

Si se justifican las sanciones que se imponen a la infracción de las reglas del tránsito, aun cuando ellas no ocasionan daños a terceros, con mucho mayor razón se debe castigar las transgresiones a la ética profesional; toda vez que ellas ponen en peligro la vida, la salud, los derechos de las personas, su seguridad moral y material, la confianza pública y valores inestimables cuya protección incumbe al Estado.Por otra parte, el clima de corrupción que generan las conductas antiéticas de los profesionales -pensemos en el escándalo de los operadores de Codelco- tiene un grave efecto multiplicador en los demás estamentos de la sociedad que no tardan en imitar el mal ejemplo.Si parece imperativo frenar la corrupción que se ha venido deslizando sutilmente hasta alcanzar esferas que hasta ayer parecían incorruptibles, es preciso comenzar por erradicarla del estamento directivo que sirve de soporte a toda la actividad nacional, es decir, del estamento profesional.

A Quien Incumbe El Control Ético

Anticipamos ya que la función fiscalizadora del comportamiento profesional, en virtud de los valores sociales concernidos y de la naturaleza propia de esta función correctiva, que es de índole administrativa, corresponde al Estado.Históricamente, sin embargo, desde el nacimiento de los Colegios Profesionales en la Europa medieval, dicha función se ha reservado a estos organismos, por estimarse que ellos son los más interesados en proteger el prestigio de la profesión y los más idóneos para discernir cuándo se infringen las normas éticas adoptadas por ellos mismos, así como para determinar el grado de la sanción que debe imponerse al infractor.

De esta manera, el estado delega, por ministerio de la ley, ciertas potestades administrativas a entidades o corporaciones de derecho público -como son los Colegios- atribuyéndoles las facultades de llevar el registro de los profesionales, certificar su condición, regular su organización interna así como el ejercicio de la profesión respectiva, vigilarla observancia del código de ética en dicho ejercicio y juzgar las conductas transgresoras de sus normas, pudiendo aplicar en tales casos las correspondientes sanciones.

Así ocurre hasta ahora en el mundo europeo y en el continente americano, con la excepción de Chile donde los Colegios Profesionales fueron disueltos por el D.L. Nº 3.621 (Arts. 1º y 1º transitorio inc 4º) y transformados en "asociaciones gremiales" de derecho privado, derogándose todas las disposiciones legales que les facultaban para conocer y sancionar las faltas a la ética profesional (Art.3º).El mismo cuerpo legal, publicado sólo días antes de la entrada en vigencia de la nueva Constitución, entregó a los Tribunales de Justicia el conocimiento de todo "acto desdoroso, abusivo o contrario a la ética, cometido por un profesional en el ejercicio de la profesión". Sin embargo, como ha reconocido el Presidente de la Excma. Corte Suprema, la vía jurisdiccional para conocer de estos asuntos de índole administrativa, ha resultado completamente ineficaz, sin que conozcamos un solo caso de sentencia judicial condenatoria de una conducta profesional reñida con la ética, pese a que éstas han proliferado por ausencia de control.

Si no fuese por la diligente actitud de los Colegios Profesionales -los cuales, no obstante haber sido disueltos por el decreto ley aludido, son muertos que gozan de buena salud- las transgresiones a la ética, que no son escasas en la vida profesional, habrían quedado impunes.Con todo, el precario control ético que hoy ejercen los Colegios, tiene dos graves limitaciones que urgen remediar.

La primera dice relación con lo sustantivo de las sanciones. En el antiguo sistema -tan irresponsablemente desmantelado por el D.L. Nº 3.621- una falta gravísima o la reiteración de una conducta atentatoria del correcto ejercicio de la profesión, podría sancionarse con la suspensión del ejercicio profesional del infractor y hasta con la cancelación de su título. En otras palabras, las faltas graves impedían ejercer, por cierto lapso, la respectiva profesión. Y las gravísimas podían conducir al impedimento de ejercerla para siempre. Naturalmente, en este último caso, se concedía al afectado un recurso jurisdiccional por tratarse de la privación de un derecho personalísimo y de su consecuencia patrimonial.

Actualmente, los Colegios no pueden suspender a un colegiado del ejercicio de la profesión ni, mucho menos, privarle de dicho ejercicio. Sólo pueden suspenderle sus derechos de colegiado o expulsarle del Colegio, lo cual resulta irrisorio para el individuo inescrupuloso, y altamente lesivo para la sociedad, la que debe soportar que un profesional probadamente ineficiente o corrupto -o ambas cosas- conforme al juicio de sus pares, continúe practicando la profesión, con evidente riesgo para toda la comunidad que, la mayoría de las veces, no logra enterarse de estas circunstancias.La segunda limitación que restringe el campo operativo de los Colegios consiste en que ellos sólo controlan el comportamiento ético de sus asociados. De este modo, cualquiera infracción a los cánones éticos, cometida por un profesional no colegiado, no puede ser reprimida ni sancionada, por aberrante que sea.

El mensaje es claro. A cualquier profesional desaprensivo, que haya optado por prescindir de todo miramiento ético, para obrar impunemente le bastaría no colegiarse.Esto no puede continuar siendo así. Es el recto ejercicio de las profesionales el que interesa y afecta a la sociedad y lo la pertenencia, o no, del transgresor, a determinada asociación.De allí que en la Comisión respectiva del H. Senado, que estudia un Proyecto de Reformas Constitucionales dentro del cual se propugna la restitución a los Colegios Profesionales de "el control ético sobre sus asociados", hayamos formulado la propuesta que dicho control recaiga en "el ejercicio de la respectiva profesión".

No obstante, es nuestra convicción que son tan graves los vicios de inconstitucionalidad de que adolece el decreto ley que privó a los Colegios de su naturaleza propia y de sus prerrogativas históricas y han sido tan funestas sus consecuencias para la calidad y rectitud del ejercicio profesional, que lo más sano y provechoso sería derogarlo y restituir la personalidad de derecho público y la autonomía de la organización colegial que ha prestado tantos y tan señalados servicios a la sociedad chilena, sin perjuicio de adecuarla a principios y normas de la Constitución Política vigente.En resumen, la ética profesional es un requerimiento de la vida social, tan indispensable para la salud de ésta como el agua para la vida humana. Y esto seguirá siendo así aunque ahora ocurra -como el agua en los tiempos de sequía- que la ética escasea cuándo más se necesita.


Ética Y El Exito Profesional
Lograr el éxito en la profesión se asemeja a un caminar que estamos invitados a emprender: imaginen un larga camino y véanse al final del mismo convertidos en profesionistas brillantes, dinámicos, triunfantes. Este camino abre ante nosotros diversas perspectivas, nos ofrece como tarea el proyecto de una vida entera. De ahí la pregunta sobre los valores, de ahí la pregunta sobre el sentido de esa profesión.
Reflexionemos sobre el significado de la palabra "Camino" la cual esta muy relacionada con la idea de "búsqueda" representada por la pregunta que el hombre se hace sobre el sentido de la vida, sobre la meta que quiere dar una respuesta a nuestras necesidades, a nuestras interrogantes a nuestra "búsqueda"
Desde dos puntos de vista podemos ver un camino: como espacio que nos separa del objetivo deseado, y entonces cada paso representa un problema, o como algo que nos conduce a nuestro destino y en ese caso esta dentro de nuestros fines.
Si vemos el camino como espacio que nos separa de la mera veremos también obstáculos y problemas, algunos de ellos insuperables; en tanto que si lo vemos como un camino que nos conduce al objetivo anhelado, cada paso será una realización que nos proporcionara satisfacción y fortaleza para soportar toda prueba, especialmente en los momentos difíciles.
Este enfoque no significa estar exentos de problemas, el viaje esta lleno de obstáculos alcanzar esa meta será difícil, habrá riesgos encontraremos múltiples problemas, habrán lucha y se requerirá de gran esfuerzo y dedicación. Es un camino ascendente, estrecho y fatigoso. Pero quien debe recorrerlo haciendo de la ética la norma de su propia vida es un camino que conduce a éxito. Tenemos que arriesgarnos a recorrer el camino, el objetivo al que nos dirigimos puede hacerse realidad con esfuerzo y perseverancia.
Santo Tomas de Aquino observo: "Si el objetivo mas importante de un capitán fuese conservar su barco, lo mantendría siempre en puerto". El mar puede ser agitado, pero sin riesgos tampoco habrá éxitos.
Todo profesional a efecto de alcanzar el éxito debe tener un sólido conjunto de principios éticos que sirvan de premisas a todas sus acciones. El factor mas importante de su éxito profesional es su invariable adhesión a dichos principios los cuales deben permanecer FIRMES, inalterables a través del tiempo y de las circunstancias.
El profesionista que quiera alcanzar el éxito profesional deberá tener, además de conocimiento técnicos y científicos, cierta virtudes o valores morales, que le acrediten ante la sociedad como persona digna de confianza. Porque para merecer la confianza de la sociedad a la que sirve el profesionista debe tener un alto nivel de ética. Sin ella posiblemente tenga éxito a corto plazo, pero a mediano lo perderá.
La vida del contador publico que tiene ética es necesariamente distinta de los que no la tienen. Su comportamiento, sus hábitos de vida, su forma de pensar, de valorar las situaciones de decidir, son distintos, por que se llevan a cabo a la luz de la ética y porque tienen diferentes niveles de significado. Es como el "tercer cantero" del relato de Paul Claudel, quien indudablemente hace su trabajo buscando la excelencia, porque ve en el mismo una finalidad mas elevada.
La ética profesional, es el camino a seguir para alcanzar el éxito, conviene aplicarla no solo por virtud moral, sino porque a la larga, la ética produce beneficios.

Honradez, verdad, cumplimiento de los compromisos, hacer lo que se promete. ser reconocido como honesto. Tales son los fundamentos de las buenas relaciones humanas, sin los cuales no se puede desarrollar una practica profesional duradera. Se trata del triunfo sobre la desconfianza y la incertidumbre.
La ética además de la preparación técnica, constituye uno de los factores importantes de éxito a mediano y largo plazo, que supone de un aparte el bien propio y de la otra, el respeto a los derechos de los demás, a la ley y a los principios básicos de la moral.
Cuando decimos que de nosotros depende nuestro futuro, pensamos en categorías etnias, según las exigencias de la responsabilidad moral que nos impone atribuir al hombre como persona, el valor fundamental de los actos, de los propósitos de las iniciativas y de las intenciones humanas.